domingo, 29 de septiembre de 2013

releyendo: Cuentos de la Alhambra

Una vez más, mis padres llegaron de un viaje por Europa. Como siempre emplean los ultimos dias en viajar por España. Siempre traen detalles curiosos de sus viajes, la verdad es que espero con ilusión el desempaque de las maletas, es cómo una pequeña Navidad luego de un viaje vacacional. 

Como digo, siempre me encanta el proceso de descubrir los regalos, normalmente objetos curiosos (saben que conmigo las camisetas y las gorras, a menos que sean del Real Madrid, no van para ningún lado, realmente no uso nada de eso) cajas de madera, joyería artesanal, vamos elementos artesanales en general, albums de música autóctona del país, libros y cosas por el estilo. 


De su viaje del 2011, me llegó una caja por FedEx a Manhattan, dónde al momento residía. ¡Y que bueno que me mandaran la caja, pq esta chica estaba resentida pq no hicieron escala en NYC, más prefirieron 
hacer vuelo directo!  Una de las cosas que recibí fue el libro  "Cuentos de La Alhambra" de Washington Irving (autor de "Sleepy Hollow" para quién lo conoce por esos cuentos),  ¡Menudo librazo, el escrito por Irving! Son tantas las anécdotas curiosas: sobre la Andalucía y el español de la primera mitad del S. XIX, leyendas de tradición oral que sincrezan los cuentos de origen oriental y la tradición del "cristiano viejo"  de la Reconquista, personajes de los pintorescos "hijos de la Alhambra", las bellas descripciones arquitectónicas del mítico complejo munumental de atributos legendarios, entre otras cosas. Es un libro escrito con una pluma empeñada en relatarlo todo bajo la capa del realismo mágico; en el que al adentrarse terminas por querer creer en las leyendas como un remoto pasado mejor.  

Hay que destacar que la redacción de Irving es tan amena, sencilla y agradable que parece que compartieras con él durante el viaje. Para el autor, el tener la oportunidad de, por una temporada, 
 abrir sus ojos y encontrase  con los hemosos techos decorados en delicados mocárabes en las maravillosas habitaciones de Boabdil, era como un sueño del que no deseaba despertar jamás, pues menciona cómo leía de historias que tomaban lugar en la Alhambra durante su niñez, mientras se paseaba a las orillas del río Hudson.    Así lo deja expresado en su libro, y así te sientes al leerlo, como en un sueño. Tan hermosa es la lectura, que algunas noches antes de dormir mi esposo  me pedía que le leyera algunas de las leyendas de princesas exóticas, héroes a caballo, buscadores de tesoros y encantamientos ancestrales lanzados por los moros para proteger sus riquezas (Yes, I know. I'm a very silly woman.). 



Lo triste es que W. Irving tendrá que marcharse de la Alhambra de España, antes de lo previsto, y de su sueño morisco debido a presiones familiares referentes a el otorgamiento de un puesto diplomático, el mismo que tanto detestaba y que solo asumió por respeto a su familia. 

Para concluir:

Iré, poco a poco adjuntando algunas líneas del libro que me parecen hermosas. Quizás, si alguien las encuentra aquí escritas decida leer Cuentos de la Alhambra, alguna vez. En mi caso, escribo estas líneas para recordarme siempre, que algún día debo volver a Granada y pasearme por la legendaria construcción morisca y los jardines del Generalife. Pues sé que ahora que conozco algunas de sus leyendas, entremezcladas y confundidas con la verdad subjetiva de Irving, viviré la experiencia de una forma íntima y personal. Deseo pasear con detenimiento por cada uno de sus pasillos y galerías, perderme en su mágicos arabescos y estructuras cristianas posteriores, soñar el sueño de siglos de historia de uno de mis complejos arquitectónicos favoritos.



"He observado que, generalmente, cuanto más ricos han sido los habitantes de un edificio en los días de su prosperidad, tanto más pobres y humildes son los que viven en los de su decadencia, y que los palacios de los reyes concluyen con frecuencia sirviendo de asilo a los mendigos."





"Hay dos clases de gente para quienes la vida es una fiesta continua: los muy ricos y los muy pobres. Unos, porque no


carecen de nada; los otros, porque no tienen nada que hacer; pero no hay nadie que entienda mejor el arte de no hacer nada y de nada vivir, como las clases pobres de España. Una parte de ello se debe al clima y lo demás al temperamento. Dadle a un español sombra en el verano y sol en el invierno, un poco de pan, ajo, aceite y garbanzos, una vieja capa parda y una guitarra, y ruede el mundo como quiera. ¡La pobreza! Para él no es una deshonra. La lleva consigo con elegante estilo, como la raída capa; porque él siempre es un hidalgo, aunque sea con harapos.




Habitantes de la Alhambra
Con toda mi presuntuosa audacia, y pese a todas las precauciones adoptadas, debo confesar que la primera noche pasada en estas habitaciones no pudo ser más triste y monótona. Y no creo que fuese mi aprensión a los peligros exteriores lo que me afectaba tanto, sino el mismo carácter de aquel lugar con todos sus extraño recuerdos, los actos de violencia en él cometidos y el trágico final de muchos de los que en otro tiempo reinaron allí rodeados de pompa y esplendor.
Cuando, camino de mi aposento, pasaba bajo los predestinados salones de la Torre de Comares, recordé un texto que solía emocionarme en los días de mi infancia:


“El destino se sienta en la triste y oscura almena,
y al abrirse la puerta para recibirme
una voz en ecos sombríos a través de los patios
va diciendo una hazaña sin nombre...”
Las habitaciones misteriosas


"
Interrogad a las costas de Berbería y sus lugares desérticos. Los restos de un imperio en el exilio, en otro tiempo poderoso, desaparecieron entre los bárbaros de África y murieron como nación. No han dejado tras sí ni siquiera un nombre preciso, a pesar de haber sido, durante ocho siglos, un pueblo explícito y claro. La tierra que adoptaron y ocuparon tanto tiempo, se niega a reconocerlos, a no ser como invasores y usurpadores. Unos pocos monumentos ruinosos es todo lo que queda para atestiguar su poderío y soberanía, y como rocas solitarias desechadas en el interior, dan testimonio del alcance de alguna vasta inundación. Tal es la Alhambra; una roca musulmana en medio de tierra cristiana; un elegante recuerdo de un pueblo valeroso, inteligente y artista, que conquisté, gobernó, floreció y desapareció." 




"El balcón de la ventana central, sobre todo, da al verdeante valle del Darro, con sus paseos, arboledas y jardines. A la izquierda se divisa una lejana perspectiva de la vega, mientras que enfrente se alza la altura rival del Albaicín, con su laberinto de calles, terrazas y jardines, coronado en otro tiempo por una fortaleza que competía en poder con la Alhambra. «¡Fatal destino el del hombre que perdió todo esto!», exclamó Carlos V al mirar desde esta ventana el maravilloso paisaje que se domina."
 
El sal'on de los embajadores







"Junto a ella vimos otro grupo de veteranos inválidos, uno de ellos montando la guardia en la puerta, en tanto que los otros, envueltos en sus andrajosas capas, dormían en los bancos de piedra. Se llama esta entrada la Puerta de la Justicia, por el tribunal que se constituía bajo su pórtico en los días de la dominación musulmana para la vista inmediata de pequeñas causas; costumbre usual en los pueblos de Oriente, citada con frecuencia en las Sagradas Escrituras: «Pondrás jueces y escribanos en todas las puertas, y juzgarán a mi pueblo con justo juicio». ...
Sin embargo, el legítimo hijo de la Alhambra nos dio una interpretación distinta de estos emblemas, más de acuerdo con las creencias populares, que atribuyen algo misterioso y mágico a todo lo que se relaciona con los moros y alimenta toda clase de supersticiones respecto a esta vieja fortaleza musulmana. Según Mateo, era tradición transmitida desde los más antiguos habitantes, y que él conservaba de su padre y abuelo, que la mano y la llave eran una mágica invención de la que dependía la suerte de la Alhambra. El rey moro que la construyó fue un gran mago, o, según creían otros, se había vendido al diablo y edificó la fortaleza por arte de encantamiento. Por este motivo ha permanecido en pie durante siglos, desafiando tormentas y terremotos, en tanto que la mayor parte de las restantes construcciones moriscas quedaron en ruinas o desaparecieron. Añade esta tradición que el mágico hechizo durará hasta que la mano del arco exterior baje y coja la llave; entonces, todo el edificio saltará en pedazos y quedarán al descubierto todos los tesoros que allí escondieron los moros. " 

El Palacio de la Alhambra 



6 comentarios:

  1. Muy buena publicación. Antes de visitar la Alhambra es indispensable leer este libro, a mí me ayudo a disfrutarla mucho más. Es un lugar mágico y este libro te ayuda a hacerlo más mágico aún. Un gran saludo.

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  2. Interesante! comienzas a leerlo y luego no puedes parar.

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  3. Estupenda entrada!! es un libro indispensable para entender Andalucía

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  4. La Alhambra es una joya que te deja prendado cuando la visitas, de pequeño recuerdo haber bebido de todas y cada una de las bocas de los leones de una fuente maravillosa que tiene...El libro queda apuntado a mi lista de pendientes, pero me temo que empieza a ser bastante grande. Un saludo

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  5. Que buena narración la tuya, la conviertes en sumamente apasionante, te sumerges en tus palabras y lo vives, yo nací alli en Granada, pero tan solo la conozco de viajes, aún asi por el mero hecho de nacer, me siento orgullosa de esa tierra tan morisca preciosa.
    Con tu permiso, llegue de casualidad o causalidad y me quedo contigo

    Besos muchos ♥♥♥

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  6. Atrapante! Muy interesante lectura. Gracias por compartirlo Abrazo

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